Suspiro ácido

Se levantó de la cama ligero como el viento, elevó los brazos y se estiró. Luego, sonriendo cansado, fue a la ducha, deshaciéndose de su horrible camisón.

Se duchó como si fuera la primera vez, borrando de su piel el color púrpura.

Cuando salió de la ducha sonrió con la alegría inocente de los niños. 

Observó su rostro, resplandecía, vibraba, y siguiendo un impulso voló hacia la entrada de la casa. La puerta se abrió por fín para él, marchándose para no volver jamás.

Sus párpados se abrieron de golpe, corroborando que seguía en la cama, sin ya apenas notar como abrazaban sus muñecas las cadenas.

Apretó los párpados suspirando ácido, había sido demasiado.

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