Correa extensible

No me abandona. Por mucho que la odie, por mucho esfuerzo que haga por expulsarla de mis entrañas, no se va.

Soy fuerte, lo he visto, pero creo que no lo suficiente. Soy como un perro con correa extensible, tiro pero no podré escapar.

Cuando alcanzo ese momento, ella aprieta la correa, firme como el mármol, y me sonríe. Esa sonrisa…

Mi rostro se rompe en pánico y ella se desfigura en carcajadas.

Es todo una ilusión, no puedo escapar. Ella espera paciente a que yo me rinda, a que ya no pueda reconstruir más y, por fin, muera.

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