¡No estés triste!

En el fondo, y no tan en el fondo, me hace gracia la situación.

Tanto tiempo sufriendo que ahora que tengo que zambullirme en la tristeza para escribir la esquivo como si de una carrera de obstáculos se tratase.

De verdad que me hace gracia. Porque al momento en el que un nudo me va apretando la garganta o me pica la nariz, me refugio en lo que automáticamente me arrancará una sonrisa.

Es curioso como mi cerebro se ha empeñado en torturarme durante casi cinco años para que ahora, cuando trato de sentir emociones complejas y no tóxicas, cierra la puerta con llave sin decir palabra.

A lo mejor es un trauma, si lo es no me queda espacio en la lista de traumas ridículos.

Es que me cago en todo, seguro que es la depresión queriendo que no termine el libro y me distraiga con cualquier gilipollez.

¿Qué hago?

Ya he apretado los dientes, ahora estoy bostezando porque parece que nunca he dormido lo suficiente.

Tengo sueño, pero debo terminar el libro, quiero terminarlo.

Ahg…

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