Una margarita blanca

Los sentimientos, aunque no sean tuyos, son lo más difícil de cambiar.

Creo que casi han pasado dos años. Dos años creyendo que arrancarme la flor estuvo bien.

Ahora vuelve donde siempre tuvo que estar, pero me siento incómoda. Tanto tiempo odiando su existencia que ahora reconocer mi necesidad por ella y, lo más difícil, disfrutar de su presencia me hacen apretar los dientes.

Ésta situación me tiene en un limbo del que no sé cómo salir.

Siento vergüenza.

Mi psicóloga me ha dicho que no hay prisa, pero si por mí fuera seguiría como todo este tiempo; fingiendo que la flor no existe o no la necesito.

Trato de interactuar con ella pero me siento torpe, aburrida y con ganas de cerrar de un golpe el asunto.

Creo que esas sensaciones no son mías, bueno, creo que es una certeza.

Tal vez sí que debería de esperar, ha pasado muy poco tiempo desde que la flor volvió a germinar, sus raíces… Deben envolverme.

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