Castillo

No paro de sonreír, me sale solo. Me miro al espejo y lo que veo es agradable, es precioso.

Camino ligera, algo se ha ido, algo sin forma ni nombre.

He construido un castillo fuertemente custodiado. A la criatura la puedo ver desde mi atalaya, quiere entrar pero éste ya no es su hogar.

Trata de atraerme con palabras vacías y reconfortantes, pero yo la observo desde arriba, impasible.

No puedo parar de sonreír porque algo dentro de mí funciona muy bien.

Ya no salen las burbujas de cinismo que envolvían mis palabras. Ahora la educada honestidad es mi nueva amiga.

Ya no cabe el normalizado desprecio, ni las miradas de rabia, ni la falta de fuerzas… Nada de lo que oscurecía mis ojos entra en mí.

Necesito espacio en el castillo para todo lo bueno que viene y está por venir.

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