Contemplar a la chica del pozo

Aún recuerdo afilar el cuchillo para comprobar su filo en mi piel.

Aún recuerdo la saliva cayendo por mi mejilla.

Aún recuerdo mi cuerpo asomado a la ventana, preguntándome si me dolería el golpe.

Aún recuerdo las incontrolables lágrimas que me acompañaban durante horas.

Aún recuerdo mi voz rasgada por los gritos.

Aún recuerdo cuando mi mente se vaciaba y era incapaz de hablar.

Aún lo recuerdo todo.

No a pasado mucho desde aquello, pero hoy, que decidí parar para meditar, terminé llorando ante aquél pasado tan cercano.

Ahora puedo ver la línea que separa a mi verdadero yo de la Criatura. Pero el pasado es más confuso de discernir.

¿Yo tenía total control sobre mis acciones? No, pero creo que reflexionar eso no lleva a nada ahora que lo pienso.

Pero he de reconocer que mi pasada crueldad hacia mí misma me abruma ahora.

¿Cómo podía hacerme aquello? ¿Cómo veía todo tan distorsionado?

Son preguntas retóricas ya que ya sé la respuesta. Pero aún así me quedo con la cabeza gacha, con las lágrimas deslizándose por mi nariz, horrorizada por un pasado sin luz.

Sin embargo, no escribo esto por rencor, sino para perdonar.

Perdono a aquella chica que gritaba pidiendo ayuda, que se cortaba porque el dolor de dentro era insoportable, que no tragaba porque no podía…

A ella, a la que resistió una tortura que no sabía si tendría fin, la perdono.

Perdono las cicatrices de fuera y de dentro, ya que con ellas decidí hacerme más fuerte.

Perdono porque siempre, tras aquellos velos que cubrían su rostro, hubo una luz radiante.

Por todo esto que me has dado y lo que conseguiremos juntas; te amo.

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