Cuando siento que me aprietas el pecho

Todo esta en rojo, algo no va bien.

He bajado la guardia y ella ha entrado, la puedo oler pero no sé dónde está.

¿Qué hago ahora? Es algo que me he estado preguntando demasiadas veces. Me resulta ridícula ya que sí sé que puedo hacer… Pero no lo hago.

Estoy dispersa, ya no estoy en una nube sino envuelta en niebla.

Me siento abrumada y vuelvo a esconder la cabeza. Ahí esta, el miedo.

Ella sabe que me canso, que tengo ganas de llorar por no estar haciendo nada. El estigma de la perfección y mis incontables deseos vuelven a golpearme.

Otra vez siento que se me acaba el tiempo.

—Pero el tiempo ya se terminó mi amor, sólo tienes el presente.

Soy yo quien digo eso, no hay ningún ente de luz, yo soy la luz. Yo soy ese raciocinio que la criatura trata de separar de mí.

Has vuelto mis anhelos en mi contra, otra vez.

Ya he soltado a los perros para que sigan tu hedor. Cuando te encuentren yo misma te hincaré el diente.

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