Caminando

Se deslizó por la gruesa raíz dando un pequeño traspié que por suerte no terminó en caída. Miró a su espalda y contempló durante un segundo el camino que le quedaba por recorrer, o la falta de él.

En realidad no tenía la seguridad de si iba en la dirección correcta, ni tampoco si realmente llegaría allí. Pero tras haber pasado por multitud de vicisitudes concluyó que eso ya no importaba.

No tenía ninguna duda de que tardaría bastante en llegar, pero no podía remediar que el sendero que había tomado, el único que pudo permitirse, era el que se propuso recorrer fuera como fuese.

Le dolían los pies desnudos y más de una noche pasó frío. Pero, a lo mejor en recompensa, su cuerpo se había tornado más fuerte. La piel bonita y suave de sus pies, aunque aún le dolieran, estaba dura, ahora podía pasar por caminos pedregosos sin terminar con cortes y lágrimas secas en las mejillas.

Extrañaba que sus pies fueran suaves, la frente se le arrugaba al pensar como otros no tenían que hacerse daño para llegar a donde quería. Pero cuando su mente se deslizaba por aquellos derroteros cortaba al momento el hilo. No podía permitirse pensar en los otros. Había pasado mucho tiempo hasta que consiguió dejar de llorar por todas las cosas buenas que no le pasaron o ya no sucedían.

Aprendió a respirar, a recordarse que aún existía y que por tanto podía seguir caminando.

El viaje se había hecho muy solitario en multitud de ocasiones, quedándose en conversación con sus pensamientos. Aquellas conversaciones, en su mayoría, terminaban desembocando en desalentadores cuestionamientos de sus propios objetivos.

Tuvo que buscar y memorizar las respuestas que sabía que acallarían sus dudas.

¿Y si al final acababa deseando ir a otro sitio?

¿Y si el camino se volvía completamente inviable?

Si era algo que deseaba, ¿por qué iba a ser malo cambiar de destino?

El no poder cumplir una meta no implicaba que no pudiera encontrar otros senderos similares al suyo y poder disfrutar de otros caminos. Vivir no era moldear la montaña a nosotros, sino deslizarse entre los huecos para encontrar nuestro espacio en ella.

Suspiró con una sonrisa, a veces el paisaje era bastante encantador.

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