Me lo merezco todo

Ayer en la madrugada volví a tener una pataleta. Pero he de aclarar que no fue para nada como las que tenía meses atrás.

Estaba terminando de escribir la última página que me quedaba cuando de pronto ésta, y un poco más, se borraron por un error.

El dolor y el pánico hizo que me cayera del sillón. Golpeé todo lo que me rozaba cuando me retorcía de pena.

Maldecí al mundo por no dejarme terminar mi primera novela con mi depresión, con la falta de dinero, la ansiedad, el trastorno límite, las deudas que nunca terminaban…

Fue entonces que me di cuenta que no lloraba por mi libro, más bien esta fue la gota que derramó un vaso que se había estado llenando de malas noticias hacía semanas.

Deseaba que aquella carrera de obstáculos cesara, ¿es que el universo no quería que alcanzara la paz?

No, en realidad le da igual.

Entonces mi luz, mi yo, mi amor, vino a mi.

Me preguntó si pretendía detenerme. Yo le contesté que estaba enfadada con todos por tratar de detenerme. Ella me dijo que era comprensible, podía llorar por ello pero no resignarme ya que los obstáculos de ahora serían en el futuro sustituidos por otros.

Yo la miré furiosa, ¿eso es lo que me tocaba? Que injusto, yo lo quería todo, me merecía todo lo bueno de este mundo.

Ella me sonrió complacida, se acercó y me dijo:

—Pues cógelo.

¿Así estaban las cosas? Pues que se preparan porque me lo iba a comer todo.

Me puse en pie, fui al baño y observé mi rostro hinchado. Sequé las lágrimas, quería seguir llorando pero mi hambre no me lo permitió.

Allí estaba yo, esbelta como una montaña, ya no había vuelta atrás.

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